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Acerca de Este Taller
Existe una narrativa que no hace avanzar la trama, sino que la profundiza; profundiza nuestra percepción de lo que está ocurriendo a nivel emocional. Me gusta llamarla la banda sonora de la narrativa. Al igual que la música de las películas, fluye y refluye según sea necesario, creando atmósfera, realzando el estado de ánimo, acelerando o ralentizando el pulso. Puede añadir una nota de anticipación al impulso hacia adelante de la historia. Analizaremos cómo se puede emplear el entorno como una objetivación de la emoción en la escena. Reconoceremos la ya cansina definición de T.S. Eliot sobre el correlato objetivo, pero exploraremos su potencial a través de ejercicios de escritura. El aprendizaje clave aquí no es mirar al personaje e intentar describirlo junto con lo que está pasando, ni depender del monólogo interno, sino mirar al mundo a través de los ojos del personaje, viéndolo tal como lo ve en ese estado emocional alterado. Joseph Chaikin, en su libro LA PRESENCIA DEL ACTOR, describe cómo un actor aprende a encontrar “la colisión dramática que está en el centro de cada escena”. Cada uno de nosotros desarrollará una escena de este tipo, enfocándonos, a través de una serie de tomas detalladas, no en los personajes sino en todo lo demás: dónde se desarrolla la escena, cómo podríamos usar ese entorno para subrayar el contenido de este encuentro, cómo los elementos de utilería disponibles y la presencia material de este lugar podrían profundizar la resonancia del momento. ¿Cómo podemos construir a partir de eso? ¿Qué podría interrumpir una escena así y permitirle a uno de los personajes un momento de distracción pero de profunda reflexión a solas? ¿De qué se dan cuenta a nivel auditivo y visual en la ausencia del otro?