‹ Regresa a todos los talleres
Acerca de Este Taller
“Lleva esas bolsas del súper al estudio, Freddy, cariño, porque…” es parte de una frase de la obra NOISES OFF de Michael Frayn, y relata un momento en el que, durante el ensayo técnico previo a la noche de estreno, uno de los actores se atreve a preguntarle al director cuál es su motivación para llevar un montón de provisiones al estudio. Los nervios están a flor de piel y el director está perdiendo los estribos. Le da a Freddy una motivación que no es más que un invento absurdo y luego, cuando lo presionan, estalla y le da la verdadera motivación que, en lo que a él respecta, ¡es que ya pasó de la medianoche, la obra estrena hoy y, básicamente, es jodidamente tarde para estar hablando de motivaciones! Mi subtítulo es “la motivación del momento, el punto de quiebre”, ¡y el director, al menos, ya llegó al suyo! Al haberme casado con una actriz, la motivación es algo de lo que estoy muy consciente en mi propia escritura y, sin embargo, me sorprende lo poco que se habla de ello en el mundo de la ficción literaria. Al igual que los actores, nuestros personajes deben operar a partir de impulsos y provocaciones creíbles. La motivación surge de la causa y el efecto: tu personaje reacciona y es fundamental que lo haga de una manera que vaya «con su personalidad». La motivación debe manifestarse en cualquier cosa que digan o hagan, basándose en sus necesidades. ¿Cómo hacemos para dotar a nuestro “elenco” de la motivación adecuada? Veremos la escena y nos adentraremos en el mundo del escenario, citando a mentes teatrales tan notables como Uta Hagen, Konstantin Stanislavski y Joseph Chaikin, y encontrando en sus comentarios una serie de ejercicios. Según mi viejo MANUAL DE LITERATURA: “La diferencia principal entre la ficción amateur y pueril y las grandes obras de poder imaginativo radica en esta mismísima cuestión de la motivación”. No tengo más que decir.